El 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos, es una oportunidad para recordar algo que suele olvidarse: los derechos laborales son derechos humanos. Para millones de mujeres trabajadoras, esto no es teoría; es la diferencia entre vivir con dignidad o cargar con dobles y triples jornadas sin reconocimiento.
Por qué los derechos laborales son derechos humanos
Los derechos laborales son derechos humanos porque protegen lo más básico: salud, tiempo, remuneración justa, descanso y seguridad. No se trata solo de contratos y horarios; se trata de vida cotidiana. Sin un trabajo digno, ningún otro derecho puede ejercerse plenamente.
Para las mujeres, esta relación es aún más clara. Además de sus responsabilidades laborales, muchas llevan sobre sus hombros el peso del cuidado del hogar, el trabajo emocional y la organización familiar… tareas necesarias para la vida, pero invisibles y no remuneradas.
La doble jornada: trabajo formal y trabajo de cuidados
En México, la mayoría de las mujeres trabaja dos o tres turnos:
- Su empleo formal.
- Las labores del hogar.
- El cuidado de niñas, niños, personas mayores o enfermas.
Esta carga también es parte de la conversación sobre derechos humanos. Cuando una mujer no tiene acceso a licencias, descansos, horarios flexibles o salarios justos, la desigualdad crece. Cuando no hay guarderías accesibles, cuando el trabajo doméstico no se reparte, cuando el estrés y el agotamiento se normalizan, se están vulnerando derechos.
Por eso, recordar que los derechos laborales son derechos humanos no es un slogan: es una necesidad urgente.
¿Qué pasa cuando se respetan los derechos laborales?
Cuando las mujeres cuentan con derechos laborales efectivos:
- Tienen mayor independencia económica.
- Reducen riesgos de violencia y discriminación.
- Cuidan mejor su salud física y mental.
- Pueden participar en espacios públicos, educativos y comunitarios.
Aquí es donde se ve el impacto real: garantizar estos derechos transforma vidas y desmonta desigualdades históricas.
Qué podemos hacer (como trabajadoras y como colectividad)
- Informarnos: conocer nuestros derechos es el primer paso para exigirlos.
- Organizarnos: hablarlo con otras compañeras, compartir experiencias, acompañarnos.
- Documentar abusos: horarios, mensajes, recibos, todo suma como evidencia.
- Buscar orientación confiable: instituciones públicas, organizaciones civiles, colectivos feministas.
Porque defender los derechos laborales también es defender los derechos humanos.
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